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lunes, 9 de febrero de 2015

PEDRO ALONSO LOPEZ, " EL MONSTRUO DE LOS ANDES ". El mal tiene nombre.

Pedro Alonso López nació el 8 de octubre de 1948, en el municipio de El Espinal departamento de Tolima, en una Colombia sumergida en la violencia , tras el asesinato del político popular Liberal Jorge Eliecer Gaitán, lo que ocasionó el estallido de una guerra civil y un periodo de terror que se extendería a lo largo de la siguiente década, y que se llevaría consigo más de 200.000 víctimas.
Bajo este ambiente social y económico, nació López, hijo de una prostituta y séptimo entre 13 hermanos. A los 9 años su madre lo sorprendió intentando tener relaciones sexuales con su hermana pequeña, y lo echó de la casa. Este sería el inicio de una vida en las calles repleta de hambre, delincuencia y abusos.
Vagando en las calles, con hambre y sin techo López, confió en la palabra de un hombre mayor que le ofreció comida y un lugar donde poder vivir. Este no cumplió con lo prometido, en cambio le llevó a un edificio abandonado, donde le sodomizó en numerosas ocasiones antes de echarlo hacia las calles de nuevo.
López continuó sus vida en la calle cada vez más temeroso y desconfiado. Pasaba el día escondido en lugares abandonados, y durante la noche buscaba algo de comer entre la basura. Así pasó el tiempo y López se trasladó a Bogotá donde su suerte cambió por muy poco tiempo.
Estando allí un ciudadano americano y su familia se apiadaron de él, brindándole techo, comida y educación. Así pudo vivir tranquilo por algún tiempo hasta que a los 12 años, un maestro le agredió sexualmente. Atemorizado, López robó dinero de la oficina del colegio y se lanzó de nuevo a las calles, donde se entrenaría en los oficios de delinquir especializándose en el robo de autos, razón por la que a los 18 años caería preso pagando una condena de 7 años de cárcel.
Con sólo dos días en la cárcel, López fue nuevamente violado, esta vez por cuatro presos mayores que él. En venganza, construyó un cuchillo con los utensilios de la prisión y dos semanas más tarde asesinó a cada uno de los cuatro hombres que lo habían violado. Las autoridades juzgaron el caso como defensa propia y no por el cargo de asesinato, simplemente se le agregó un adicional de dos años a la condena inicial, el robo del vehículo. La prisión, junto a sus traumas de una niñez difícil, terminaron de causar un un daño irreparable a la mente de López.
En 1978 López salió de prisión y se trasladó a Perú donde se dedicó a viajar sin rumbo, dejando tras de sí un terrible reguero de violaciones y asesinatos. Durante este tiempo, -que él más tarde reconoció-, había empezado a atacar violentamente y asesinar por lo menos 100 muchachas jóvenes de tribus locales por toda la región.
Tras intentar secuestrar a una niña de 9 años perteneciente a una tribu indígena del norte de Perú, fue detenido por los mismos indios que lo torturaron e intentaron linchar hasta que una misionera americana amiga de la tribu, los convenció de entregarlo a las autoridades.
López fue atado y depositado en la parte trasera de la camioneta de la misionera, que se lo lleva para entregarlo a las autoridades, pero ésta apiadándose de él, y sin conocer realmente nada de su pasado, lo liberó en la frontera de Colombia.
Durante sus viajes entre Ecuador y Colombia continuó con su oleada de violaciones y muerte. Sin embargo, las autoridades relacionaron las desapariciones con el crecimiento de la demanda de esclavos sexuales y trata de blancas. Los cuerpos no eran encontrados y por tanto las investigaciones no se desarrollaban a profundidad. Esto, hasta aquel desentierro natural en Ecuador en 1980, que había revelado cuatro cuerpos infantiles con señales de estrangulamiento.
Cuando le preguntaron a López, qué hacía con sus víctimas este explicó que primero las violaba, y entonces las estrangulaba mientras miraba fijamente sus ojos.
“Quería tocar el placer más profundo y de la excitación sexual más profunda antes que su vida se marchitara”.[…] “Era como una fiesta. Pero después de un rato… porque no podía moverse, me aburría y me iba en busca de chicas nuevas.“
La policía estaba inicialmente escéptica ante las espantosas confesiones, casi increíbles , los enlaces con Perú y Colombia eran incapaces de demostrar lo contrario. Ante la evidente duda de los investigadores, López ofreció llevarlos a varios lugares donde él había enterrado a los cadáveres por todas partes del país .
Las dudas de los investigadores pronto empezaron a desaparecer cuando López los llevó a una apartada área en la vecindad de Ambato, donde descubrieron los cadáveres de 53 muchachas, de edades comprendidas entre ocho y doce años. De los 110 cuerpos que supuestamente habían sido enterrados en distintos lugares, muchos no fueron encontrados. Algunos de los investigadores opinaron que animales probablemente esparcieron los restos y las riadas habían “lavado” el terreno.
El director de asuntos de la prisión, Vencedor Lascano, más tarde explicó: "Si alguien confiesa autor de cientos de asesinatos y se encuentran más de 57 cadáveres, debemos creer lo que dice." Lascano también les dijo ese periodista, "pienso que su estimación de 300 es muy baja."
De cualquier modo, nunca se supo nada más de las declaraciones e investigaciones acerca de estos asesinatos. Lo que sí es conocido es que en 1980, se declaró culpable Pedro Alonso López del delito de múltiple asesinato y fue sentenciado a la pena máxima (20 años) cumpliendo sólo 14 años. Fue liberado y deportado a Colombia en 1994.
En Colombia fue detenido y procesado por sus crímenes, donde fue declarado “enfermo mental” y condenado a 4 años en una institución psiquiátrica. En 1998 fue declarado sano y dejado en libertad.
Desde entonces se desconoce el paradero del llamado Monstruo de los Andes. Las autoridades presumen que está muerto. Se sospecha que pudo haber sido asesinado por un cazarrecompensas o algún familiar de sus numerosas víctimas, pese a que todavía, de vez en cuando llegan reportes de gente que asegura haber visto al monstruo de los Andes en las montañas de Ecuador o Colombia.
Desde que fue encarcelado, los familiares de las víctimas ofrecieron una recompensa de 25000$ a quien acabara con él, ya fuese dentro de la prisión o fuera. No se sabe que nadie haya cobrado hasta el día de hoy dicha recompensa.

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